Ernesto Martínez Colomer
(1912 – 1984)

La trayectoria de Ernesto Martínez Colomer podría ser el botón de muestra de varias generaciones de emprendedores. Ejemplo de un colectivo de empresarios hechos a si mismos, recurriendo a la expresión estadounidense. Ernesto Martínez Colomervoceó en la calle, arrastró un carro cargado de género e incluso cambió ropa por comida mucho antes de que su nombre se asociara con el negocio de la distribución comercial que construyó. Marcol y, más concretamente Lanas Aragón, fueron durante décadas la vanguardia comercial de la ciudad de Valencia.

Nacido en Ontinyent el 14 de noviembre de 1912, fue el menor de los tres varones de una familia con tres hijos. Tras una estancia de tres años en Alicante (cuando contaba entre seis y nueve años), la familia volvió al pueblo y montó una pequeña fábrica de botones de nácar. Cuando tenía 10 años, su madre que era muy inteligente y despierta, pensó que los hijos tendrían mejor porvenir en la capital que en Onteniente, y toda la familia se trasladó a Valencia.

Ya desde su infancia, Ernesto Martínez Colomer, demostró una gran capacidad para los negocios. Siendo casi un niño, empezó cobrando recibos a moroso, y a los deudores les decía con una habilidad impropia de su edad: “Si no pueden darme un duro, denme una peseta, o un real a cuenta, pues si pagan algo tendrán la conciencia más tranquila”. A los 10 años empezó a trabajar como aprendiz e un comercio de tejidos de Polinya del Xuquer, y al trasladarse a Valencia su madre le metió de aprendiz en “Entresuelos San Martín”. En aquella época las funciones de aprendiz eran más bien de tipo doméstico, pues se les encargaba todo tipo de trabajos. Como protestó alegando que él estaba allí para vender, le invitaron a que se marchara, y así lo hizo. Al día siguiente se encontraba trabajando en la tienda de “Los Gatos”. Un domingo, el dueño del comercio encargó a tres de sus trabajadores la venta de una partida de jerséis en el mercado de Manises. Llovía el sabado y acordaron cancelar la misión si ocurría lo mismo a las 7 de la mañana del día siguiente. El joven Martínez Colomer se durmió ese día y acudió tarde a la cita. Las calles estaban mojadas pero ante la duda el decidió ir al mercado por su cuenta. Sus compañeros no estaban pero decidió vender su género 5 pesetas por encima de lo que habían indicado. Vendió todos los jerséis y gano 200 pesetas. Tenía 13 años cuando se dio cuenta que ganaba más vendiendo 4 prendas que como empleado.

El genio comercial no podía encerrarse en una tienda, necesitaba intentar fortuna, superar las 60 pesetas mensuales de sueldo; divisar otro horizonte. El intento independentista le llevó a adquirir cortes de traje en “Casa Mallent”, los vendía obteniendo 10 pesetas de beneficio y otras 10 pesetas que le daba el sastre por confeccionarlos. En otra ocasión, le dice a su familia: voy a ir a Bañeres (Alicante) a por género, y aunque no llevo dinero espero volver con mercancía. Así fue, se ganó la confianza del fabricante y obtuvo los artículos que luego etiquetaría y vendería e el mercado de Ruzafa. Fueron tiempos muy duros. Muchas horas de trabajo, grandes madrugones para conseguir en los mercados buenos puntos de venta. Todo ello fue influyendo poderosamente en Ernesto Martínez Colomer que pronto va a iniciar lo que sería su primer negocio empresarial, emplazándolo a la calle Aragón de Valencia.

Al estallar la guerra civil, se le llama a filas y pronto por su carácter emprendedor y comercial se le nombra encargado de suministros. Incluso  llegó a vender calcetines  a los soldados. Conforme iba avanzando la guerra, tuvieron que huir y como era tan previsor y negociante, el la escapada se vistió con ropa del ejercito, cinco pantalones, cinco camisas, varios pares de calcetines, ropa que posteriormente iba canjeando por comida en los distintos pueblos por los que pasaba. Durante un permiso, el 28 de febrero de 1938, se casa con la señorita, AMPARO SORIANO PENADES, aprendiza de una zapatería, a la que conoció cuando él tenía 17 años y ella 13. Mujer que permaneció toda su vida junto a su esposo auxiliándole en las labores de dirección del famoso comercio “Lanas Aragón”. La pareja tuvo un hijo, Ernesto Martínez-Colomer Soriano.

Finalizada la guerra, Ernesto tenía 27 años, vuelve a Valencia y sigue desarrollando su labor de ventas en el mercado. A sus clientes en los mercadillos les entregaba tarjetas con la dirección de Aragón 14, una planta baja donde vivían sus suegros, por si necesitaban comprar alguna cosa por las tardes. Acabaron vendiendo más en el bajo que en los mercados y abandonaron la venta ambulante. Despuntaba la década de los cuarenta cuando Ernesto Martínez Colomer compró un piso para sus suegros y se quedó la planta baja para montar su primera tienda.

Estos son a grandes rasgos los duros inicios de un gran comerciante lleno de humanidad, que empezó con tres empleados: su padre y sus hermanas Teresita y luisa; luego contrata al primero ajeno a la familia, hasta llegar a tener 10 empleados vendiendo medias y lana, madejas envueltas con la imagen del Pilar de Zaragoza. El público le puso el nombre de lanas Aragón y así se asumió.

El establecimiento acabó convirtiéndose en un gran almacén y vendiendo todo tipo de género. El negocio creció rápido y el reducido local de la calle Aragón resultaba insuficiente y por fin Martínez Colomer obtiene del dueño de una planta baja adjunta permiso para ampliar el negocio y derribar el muro separatorio. El propio Don  ernesto  y sus empleados empezaron a picar, hasta que cayó el muro y todos se abrazaron ante aquella conquista que parecía imposible. Posteriormente se fueron anexionando nuevos locales recayentes a la calle Espartero que se comunicaron con el de la calle Aragón, y así quedo consolidado el nombre de “LANAS ARAGÓN” como símbolo del principio de una obra que, gracias a la constancia, tenacidad y habilidad comercial de Ernesto Martínez Colomer hizo posible en milagro de su expansión, constituyendo este establecimiento la savia inicial de todos los brotes que después surgieron de un fondoso árbol que extendía sus raíces por el suelo de Valencia, a fin de dar una mayor facilidad y servicio a una amplia clientela esparcida por todo la ciudad.

Hasta mediados de la década de los 50, Ernesto Martínez Colomer siguió ramificando su negocio con la apertura de sucursales en dos puntos más de la ciudad. En 1945 fundó la primera sucursal de LANAS ARAGÓN, situada en la calle Cádiz, en el típico barrio de Ruzafa, que acabó ocupando 578 metros cuadrados, y una plantilla de 49 empleados.

En 1955, se inauguró ADEMAR JÁTIVA, ubicada en la calle Játiva, 17, con una superficie de 1173 metros cuadrados y 66 empleados. Fue el primer establecimiento valenciano dedicado a la moda. Su nombre fue elegido por el público a través de un concurso. ADEMAR son las siglas de Amparo de Martínez Colomer, como homenaje a esa gran señora que fue su esposa y fiel colaboradora. Hay que destacar los grandes desfiles de moda, pioneros en Valencia, que cada temporada se organizaba, en la “piscina Valencia”. Previamente se elegían a empleadas cualificadas que se desplazaban a París, para ver las tendencias de la moda.

Le siguieron ANEXOS ADEMAR. No era una tienda abierta al público, sino un taller dedicado a la confección de ropa de niños, con el fin de suministrar todo lo referente a este tipo de artículos a los establecimientos de “LANAS ARAGÓN” ubicada en la calle San  Vicente, dedicada exclusivamente a Moda Infantil. Se exportaba ropa a Francia, Alemania, Inglaterra, Suiza, Puerto Rico y Líbano.

ADEMAR OESTE. Este suntuoso Magazín, benjamín de las sucursales, emplazado en la Avenida del Oeste, con una superficie aproximada de 4.000 metros cuadrados y 119 empleados, fue inaugurado en 1967. “Un establecimiento que honra y decora a una ciudad” según palabras pronunciadas por el alcalde de Valencia en el acto de inauguración. Se compone de unas 40 secciones con los más variados artículos.

HOGAR COMPLET. Cerca de 6.000 metros cuadrados y 150 empleados forman esta nueva tienda dedicada toda ella a artículos para el Hogar. Es anecdótico reseñar que esta tienda no dio tiempo a inaugurarse oficialmente, que casi sin estar terminado hubo que abrirlo al público por exigencias del mismo.

La evolución del negocio, sin embargo, chocó con imprevistos, situaciones amargas y tristes que obstaculizan de algún modo, la positiva trayectoria experimentada. En 1957, se enfrenta la empresa a la grave crisis económica vivida en Valencia como consecuencia del desbordamiento del río Turia. En 1958, “LANAS ARAGÓN” de la calle Espartero-Aragón, sufrió un devastador incendio que destruyó por completa el establecimiento. Una chispa que procedía aparentemente del negocio del piso de arriba destruyó un negocio que unos meses después, gracias a la entereza de D. Ernesto que en ningún momento perdió el ánimo prometiendo a sus empleados que mantendrían sus puestos de trabajo, resurgió de sus cenizas, con mayor esplendor y grandiosidad que antes gracias a la ayuda que le llegó por parte de los fabricantes y proveedores, hasta el punto de exclamar emocionado “el incendio no tuvo fuerza para hacerme llorar, pero las cartas de los fabricantes y proveedores si lo consiguieron”. Este incendio que hizo desaparecer toda la parte que se destinaba almacén de mercancías, obligó a que se habilitasen unos locales en la calle Ángel Guimerá, 8, que contaba con una superficie de 3.693 metros cuadrados, y 400 empleados, surgiendo el CENTRO DE DISTRIBUCIÓN COMERCIAL. Debido a la enorme expansión del negocio, la superficie inicial fue ampliando comunicando el local inicial con otros locales que tenían su acceso por la calle Guillem de Castro y otros por la Gran Vía Fernando el Católico. Según definición de Martínez Colomer, “Es el robusto pulmón que regula y vivifica la vida de mis empresas”. No se trata de una empresa solo dedicada al servicio de las que se agrupaban y formaban la organización E.M.C. El Centro Comercial nació también para satisfacer y suministrar a miles de clientes en toda España cualquier tipo de artículo, excepto los de la rama de la alimentación. Es así como muchos pequeños propietarios de establecimientos, a través de este Centro de Distribución, tienen acceso a las fábricas de primera magnitud, viniendo a constituirse en intermediario y enlace entre fabricante y el detallista. Es así como se consiguió construir, no solo el centro de Valencia, sino otros tres distribuidos en Alicante, Madrid y Palma de Mallorca, que permitían atender debidamente a los miles de clientes de toda España.

Fue el 16 de enero de 1968, cuando después de un profundo estudio se demostró la conveniencia de convertir la sociedad individual E.M.C. en Sociedad Anónima constituyéndose MARCOL S.A que se hizo extensiva a todos los empleados, motivando una participación general que se hizo posible gracias a la concesión de créditos especiales para el personal, con el fin de que se pudieran adquirir acciones.

En 1968, D. Ernesto comentaba la necesidad de integrar todas las dependencias y almacenes que estaban esparcidos por distintos puntos de la ciudad, en uno solo. Los sueños de este gran hombre se vieron realizados el 27 de mayo de 1974. Todas las dependencias y personal del antiguo almacén recayente a la calle Ángel Guimera, 8 y la Gran Vía Fernando el Católico, se trasladaron al nuevo Centro Comercial en la Avda, de Pío XII, 51, integrándose en un edificio de 59156 metros cuadrados. Era la culminación de una obra fruto del esfuerzo, del orden, la participación y la ilusión, con la que este hombre realizaba todos sus proyectos.

Todo este entramado llegó a emplear de forma directa a 2.500 personas.

También en los años 60, Ernesto Martínez Colomer dio los primeros pasos de un negocio que su hijo ha desarrollado con el tiempo y convertido en la actualidad en el grupo de empresas MARTINEZ COLOMER, dedicado a la promoción y construcción.

D. Ernesto Martínez Colomer deja entrever otra faceta de su persona en la construcción de viviendas para sus empleados, para que el personal habite con dignidad y confort. En 1963 se terminó la construcción de 72 viviendas de tres o cuatro dormitorios distribuidas en 6 bloques, destinadas todas ellas para el alquiler a sus empleados. Posteriormente se construyó otro grupo de 48 viviendas, destinados a los mismos fines.

Entre otras cuestiones, además, Ernesto Martínez Colomer, potenció las actividades “extra laborales” entre su plantilla. La más conocida de ellas fue la faceta deportiva. Lanas Aragón creó a mediados de los 50 secciones deportivas de baloncesto, fútbol, y balonmano. Equipos que llegaron a competir en categorías regionales, y el equipo de balonmano llegó a militar en la División de Honor. Tal fue la implicación en este campo que a finales de 1964 se inauguró el centro deportivo de la empresa, denominado en la actualidad Pabellón ERNESTO MARTINEZ COLOMER, aún hoy propiedad de la familia.

También hay que destacar la labor social entre los empleados, que aún recuerdan aquellas cenas conjuntas en la playa, comidas de empresa llenas de camaradería, en las que D. Ernesto era uno más de ellos, más que un jefe era un amigo que compartía su vivir con aquellos hombres, base a la gran FAMILIA MARCOL. Se organizaban excursiones. La última de ellas fue en 1965,  a Oropesa (Castellón) ya que a partir de entonces la plantilla contaba con casi un millar de empleados y ya resultaba difícil reunirlos a todos. A los empleados se les daban incentivos consistentes en acumulativo, dote matrimonial, gratificaciones periódicas, etc.

Y las obras benéficas, donde la Empresa procuró siempre estar presente en cuanto a actos benéficos se solicitaba su ayuda. Entre ellos, la entrega de juguetes que todos los años se hacía el día de Reyes a los niños del Hospicio y enfermos del Hospital Provincial de Valencia, y la tradicional comida del 8 de diciembre en la Asociación Valenciana de Caridad. Todos los actos presididos por esa extraordinaria mujer que fue AMPARO SORIANO PENADES.

Las circunstancias exigieron un cambio en el caminar de MARCOL. El gran amor que D. Ernesto Martínez Colomer sentía por su empresa y sus empleados le hizo tomar la decisión de ceder al grupo RUMASA, capitaneado por otro hombre de negocios RUIZ-MATEOS,  el 50% de sus acciones, por el simbólico precio de UNA PESETA, proyectando con esta acción el trazar una seguridad para el presente, así como unas sólidas perspectivas de cara al futuro que permitieran mantener la totalidad de su plantilla en sus respectivos puestos de trabajo, pese a las circunstancias económicas del momento. Esta  decisión, permitió que MARCOL pudiese inaugurar, el último establecimiento de la Cadena Comercial. El Edificio Colón-Ruzafa, recayente a la calle Colón, Játiva y paseo Ruzafa.

Este es el homenaje para D. Ernesto Martínez Colomer que falleció en 1984. Empresario valiente, luchador y humano, admirado por cuantos le conocieron, y que tanta influencia benefactora tuvo para nuestra falla Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal.

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